Taller · Valencia · desde 1990

El taller.

Lucía abrió el taller en Valencia en 1990. Desde entonces cosemos a mano para las novias, invitadas, madrinas y festeras de nuestra tierra. Trabajamos por cita previa, con paciencia, con tiempo.

Cómo trabajamos

Sin prisa. Sin copias. Sin compromiso.

Cada vestido empieza con una conversación. Hablamos del evento, del cuerpo, del gusto, del margen. Mostramos tejidos, probamos siluetas, escuchamos lo que no sabías decir.

De ahí salen dos caminos. Uno es la confección a medida desde cero: patrón en lienzo, entre tres y cinco pruebas, tu vestido cosido por nosotras de principio a fin. El otro es una pieza escogida de nuestra colección del taller, elegida pieza a pieza por su tejido y su corte, que adaptamos a tus medidas y a los detalles que nos pidas.

En ambos casos, lo que sale del taller ha pasado por nuestras manos. Solo cambia el punto de partida.

No vendemos prisa. No hacemos arreglos de fuera. No duplicamos piezas. Lo que sale del taller es tuyo.

Desde 1990

36 años en la misma calle

Cómo empezó

El taller abrió en marzo de 1990, cuando Lucía empezó a coser para las festeras de los pueblos valencianos. De ahí vinieron después la novia y la fiesta, que hoy conviven con la festera en las mismas mesas de corte.

La dirección no ha cambiado desde entonces. Carrer d'En Sanç, 12, en Ciutat Vella, a dos minutos de la plaza del Ayuntamiento, en una calle donde el oficio de vestir lleva generaciones.

Ocho personas, un encargo

Cuando una clienta pregunta quién cose su vestido, la respuesta honesta es que ocho personas. Lucía lleva la conversación inicial y firma cada encargo, que es la parte que no se delega. Dos patronistas se reparten el trabajo según lo que pida la pieza, una con las estructuras de cuerpo y otra con las siluetas de caída.

El corte lo hace una sola persona, porque un error en esa fase arruina un tejido que no siempre se puede reponer. Dos costureras montan el vestido a mano. La bordadora trabaja en una sala aparte, con bastidor de madera y luz lateral fija.

Repartir el trabajo no lo despersonaliza. Lo que une la pieza es la conversación del principio, la firma de Lucía y la ficha compartida donde queda cada decisión con su fecha y sus iniciales. Si una clienta vuelve dos años después, esa ficha se recupera y el taller sabe qué tiene delante.

Las manos del taller: quién cose qué

Lo que no ha cambiado

Seguimos trabajando con las mismas familias de tejedores desde 1990, y ese hilo, literal, es lo que permite hablar con criterio cuando alguien pregunta si un tejido aguantará ocho horas de acto.

Coser un vestido entero a mano lleva entre veinte y cincuenta horas. Un bordado denso puede irse a varios cientos. Antes de tocar el tejido bueno se corta una toile en muselina blanca, porque lo que se ve en volumen sobre el cuerpo no se ve en plano.

El oficio no ha cambiado. La prisa del mundo, sí.

Cuatro pilares

01 / 04

01

Oficio

36 años de taller. Manos que cortan, cosen, prueban. Todo pasa por aquí.

02

Raíz

Del Mediterráneo, de los pueblos. Sin folclore ni caricatura. El territorio entra en la pieza.

03

Calidez

La clienta es una persona. Cita por cita, prueba por prueba, te acompañamos.

04

Atemporalidad

Un vestido bueno se lleva hoy y se recuerda mañana. Nada suena a temporada consumible.

Las imágenes

Desde 1990 cosemos cada pieza a mano. Ahora también componemos las escenas donde se muestran: partimos de la pieza real, fotografiada en el taller, y dibujamos a su alrededor la luz, el lugar y la figura que la luce. Las modelos no son personas: son parte del dibujo. El vestido, siempre, es de verdad. Ven a tocarlo.

El compás del taller

3
Pruebas por vestido
100+
Horas por vestido
6+
Meses de antelación
8
Personas en el taller

Lucía

“Cosemos vestidos para mujeres como tú.”
Ven al atelier